Estos fragmentos, traídos a la Tierra por la misión Luna-16, habían sido ofrecidos inicialmente a la esposa de Serguéi Korolev, considerado el padre del programa espacial soviético y fallecido en 1966.

El precio final, que incluye comisiones y gastos, representa casi el doble de lo esperado (442.500 dólares) en la primera venta de estas muestras, también en Sotheby’s.

El precio de venta lo ubica en la mitad del rango de la oferta estimada de la casa de subastas, que osciló entre 700.000 y un millón de dólares.

Según Sotheby’s, los ofrecidos a fines de noviembre son los únicos de todos los fragmentos enumerados tomados de la Luna, tanto por misiones estadounidenses como soviéticas, que no son propiedad de algún gobierno.

Una señal de que las misiones lunares tienen un fuerte poder de atracción entre coleccionistas fue la subasta de un estuche que Neil Armstrong usó para almacenar las primeras muestras lunares que recogió por 1,8 millones de dólares en una venta en Sotheby’s de Nueva York, en julio de 2017.

Aunque China logró en 2013 posar un módulo en la Luna, las únicas muestras que se han traído a la Tierra hasta la fecha provienen de misiones de Estados Unidos y de la Unión Soviética.

Estados Unidos no regresó allí desde que fue en 1972 la misión Apolo 17, y Rusia no ha estado en la Luna desde el fin de la era soviética y el vuelo Luna-24 en 1976.

La NASA planea regresar con un vuelo tripulado en 2023 y China pretende construir en la Luna una base habitada.

Antes de eso, una organización privada israelí sin fines de lucro quiere enviar en diciembre un módulo no tripulado, cuyo alunizaje está previsto para mediados de febrero de 2019.