¿Qué buscan los apostadores? Vicio, diversión o necesidad

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Angel Capellán hace sus apuestas y casi siempre se retira al hogar a esperar los resultados de los partidos. Junior Abréu lleva más en sus venas el afán por el juego, llegando al extremo de vender parte de la compra de la quincena para conseguir dinero para ir a las bancas, en cambio Orlando Santos busca mediante sus jugadas incrementar “los chelitos”.

He aquí tres ejemplos palpables de las diferentes formas por las que miles y miles de dominicanos acuden en masas a cualquiera de los cientos de bancas deportivas que están diseminadas en el territorio nacional.

Vicio, entretenimiento o por necesidad, representan tres de las principales variables del porque se juega en las bancas deportivas, en una nación como Dominicana en que los juegos de azar forman parte del pan nuestro de cada día.

“Esto es una adicción, tanto como el uso de las drogas. Existen miles de personas que no se van a la cama sin tener varios tickets en los bolsillos”, expresa Leo Domínguez, quien se auto proclama como un jugador en retiro, que ya se cansó de perder y dejar su dinero en las bancas.

Familias destruidas

“Son muchas las familias que se han destruido por este hecho, pues las jugadas les rompen los bolsillos al más rico de los humanos”, agrega Domínguez sobre estos juegos que tienen actividad el año completo.

Menos drástico fue Winston Rudys, con mucho tiempo como un apostador, pero quien afirmó que lo realiza como una forma de entretenimiento y agregar un poco de sabor al hecho de observar los partidos. “No lo considero un vicio, pues no conozco a personas que roben para apostar en bancas deportivas”, añadió.

Capellán, empleado en una tienda de calzados juega principalmente los fines de semana. “Lo hago sin prisas, más bien esto eleva mi entretenimiento cuando me encuentro en la casa”, señala el joven de 32 años.

Un amigo de Junior Abréu contó a Listín Diario que en ocasiones éste toma parte de arroz que tiene su   madre para cocinar en la semana, lo vende a bajo costo y con este dinero se sienta largas horas a realizar varias jugadas que oscilan entre los 30 y 50 pesos.

Cientos de jugadores se levantan con páginas de periódicos locales en las manos, ya en las primeras horas de la mañana han estudiado y analizados los pormenores que traen las líneas de las Vegas y Don Best. “Esto inicia por una curiosidad, luego se convierte en una necesidad, llega a un momento en que el individuo no puedes vivir sin jugar, su cerebro se va adaptando a esto”, señaló de su lado, el doctor Miguel Valenzuela, quien trabaja con personas que se encuentran en proceso de recuperación en Hogares Crea.

Incluso, Valenzuela expresó al Listín Diario que uno de sus pacientes, preso en el ámbito de las drogas le confesó que su principal problema era su adicción a los juegos de azar, que no había forma de evitarlo.

 

En busca de beneficios

César Grullón es otro que entiende que las apuestas a las bancas deportivas no representan un vicio. “El día que no tengo dinero para jugar simplemente no lo hago. “Uno apuesta buscando un beneficio y juego hasta donde el bolsillo me alcance para hacerlo.

Ricky Nadal, presidente de la Asociación Nacional de Bancas Deportivas, señala que estas no entran en el rango de la Ludopatía (impulso irreprimible de jugar a juegos de casino a pesar de ser consciente de sus consecuencias y del deseo de detenerse) y quienes lo hacen es solo por apostar cantidades que en el mayor de los casos no son grandes.

“A las bancas deportivas no asisten los prestamistas como lo hacen en los casinos, ellos están atentos a como le va a las personas de buen dinero que acuden a jugar y pierden”, señala Nadal, quien añade que  son muchas las historias que ha escuchado de personas que al final dejan las llaves de los vehículos en los casinos.

Las bancas deportivas son incapaces de brindar comidas y bebidas ilimitadas como en los casinos.

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