Un senderista descubrió el varamiento el sábado en Isla Stewart, a 30 km de la costa sur de la Isla Sur.

La mitad de las ballenas ya estaban muertas y, debido a la condición de las demás y a la localización, remota y de difícil acceso, se tomó la decisión de someterlas a eutanasia.

“Por desgracia, la probabilidad de ser capaces de reflotar con éxito a las ballenas restantes era extremadamente baja”, dijo Ren Leppens, gestor de operaciones del Departamento de Conservación de la Isla Stewart.

“La localización remota, la falta de personal cercano y el agravamiento de la situación de las ballenas implicaba que lo más humano que podía hacerse era la eutanasia”, añadió. “No obstante, siempre es una decisión dolorosa”.

Este fue uno de los cuatro varamientos descubiertos en las costas de Nueva Zelanda durante el fin de semana.

Los varamientos de ballenas son relativamente comunes en las costas neozelandesas: el Departamento de Conservación atiende una media de 85 incidentes anuales, la mayoría de un solo ejemplar del animal.

El domingo, 10 orcas pigmeas encallaron en la playa de las Noventa Millas, en la zona boreal de la Isla Norte. Dos de ellas murieron y el martes se intentará devolver al mar a las supervivientes.

Un cachalote hallado en la cercana Doubtless Bay murió la noche del sábado. En Ohiwa, en la costa oeste de la Isla Norte, se encontró un cachalote hembra.

No se sabe con exactitud por qué encallan las ballenas y delfines, pero algunas razones pueden ser las enfermedades, los errores de navegación, las características geográficas, un cambio repentino de marea, que sean perseguidos por un predador y las condiciones meteorológicas extremas.